Seguro la has escuchado. Tal vez de una tía en un almuerzo familiar, de un compañero de trabajo, de una amiga que quería ayudarte o hasta de ti misma frente al espejo. “Tranquila, no es nada.”

Casi siempre llega con buena intención. Quien la dice quiere calmarte, quitarle peso al momento y que sigas adelante. El problema es que, cuando la escuchamos muchas veces, empezamos a creérnosla. Y un día, sin darnos cuenta, ya somos nosotras las que decimos “no es nada” cada vez que algo nos pasa.

Hay frases así que heredamos casi sin pensarlo. Las escuchamos en la casa, en el colegio, en la oficina, y las repetimos porque así nos enseñaron. Ninguna es malintencionada. Muchas vienen del cariño y de generaciones de mujeres que salieron adelante como pudieron. Pero hoy queremos hacer algo con ellas. Escucharlas con calma, entender qué nos dicen y cambiarlas por otras que de verdad nos acompañen.

Te las dejamos aquí, una por una.

“Tranquila, no es nada.” La más famosa de todas. Nos la dicen para consolarnos, pero en el fondo nos pide que dejemos de prestarle atención a lo que sentimos. La nueva versión es sencilla. Lo que sientes es válido. No necesitas que sea grave para que importe. Si tu cuerpo o tu ánimo te están diciendo algo, vale la pena escucharlo, así sea un rato.

“No seas exagerada.” Esta tiene un efecto curioso. Nos hace dudar de nosotras mismas y nos lleva a quedarnos calladas para no parecer dramáticas. Cada cuerpo vive las cosas a su manera, y nadie tiene una regla para medir lo que tú sientes. Por eso la cambiamos por tú conoces tu cuerpo mejor que nadie. Nadie más está en tus zapatos, y tu forma de sentir no tiene que coincidir con la de nadie.

“Eso nos pasa a todas.” Suena a solidaridad, y a veces lo es. Pero cuando se usa para cerrar la conversación, termina convirtiendo algo que vivimos muchas en algo de lo que no vale la pena hablar. Nos gusta más esta versión. A muchas nos pasa, y justo por eso merece que hablemos de ello. Que algo sea común lo vuelve todavía más importante.

“Aguanta, que ya pasa.” La frase de la resistencia. Nos enseñó a apretar los dientes y a seguir, y hay que reconocer que las mujeres somos muy buenas en eso. Pero aguantar no debería ser la única opción que tenemos. La cambiamos por una pregunta. ¿Qué necesitas hoy? A veces la respuesta es seguir con todo, a veces es ir un poco más

despacio y a veces es buscar algo que te haga sentir mejor. Lo importante es que la respuesta la decidas tú.

“De eso no se habla.” Esta casi nunca se dice en voz alta, pero se siente. Está en el silencio de la mesa, en el tono bajito, en las palabras que usamos para no nombrar las cosas. Crecimos con muchos temas del cuerpo guardados en un cajón, como si fueran algo que había que esconder. Nuestra versión es clara. De esto sí se habla. Con naturalidad, sin tabúes y con respeto, como hablamos de cualquier otra cosa que hace parte de la vida.

“¿Otra vez cansada?” A veces viene con una sonrisa, a veces con un poquito de juicio. Como si tu energía tuviera que ser la misma todos los días del mes. La verdad es que tu cuerpo tiene ritmos, y hay días en los que te comes el mundo y otros en los que prefieres ir con más calma. Por eso la cambiamos por tu energía cambia, y eso está bien. Escuchar esos cambios es una forma de conocerte, y conocerte es una forma de cuidarte.

“Ponte a hacer algo y se te olvida.” El clásico consejo para distraerse. A veces funciona, y está bien. Pero no siempre queremos olvidarnos de lo que sentimos. A veces queremos atenderlo sin tener que cancelar lo que estamos haciendo. La nueva versión es puedes cuidarte y seguir con tu día. Las dos cosas caben al mismo tiempo, y ninguna tiene que ganarle a la otra.

Las frases que nos decimos a nosotras mismas

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Hay algo que descubrimos haciendo esta lista. Muchas de estas frases ya no nos las dice nadie. Nos las decimos nosotras. En la mañana, cuando nos cuesta arrancar. En la reunión, cuando hacemos como si nada. En la noche, cuando nos regañamos por no haber hecho todo lo que teníamos en la lista.

Por eso queremos invitarte a un ejercicio pequeño. La próxima vez que te escuches decir “no es nada”, detente un segundo y pregúntate cómo le hablarías a tu mejor amiga si estuviera en tu lugar. Seguramente serías mucho más suave, mucho más paciente y mucho más generosa. Esa misma voz es la que te mereces tú.

Y si eres tú la que acompaña a alguien, a tu hermana, a tu amiga, a tu compañera de trabajo o a tu mamá, prueba con otra frase. Una muy sencilla que dice todo sin prometer nada. Estoy aquí. Vamos a resolver esto juntas. A veces eso es lo único que alguien necesita escuchar.

Lo que queremos decirte nosotras

En OLIV nacimos de estas mismas conversaciones. De sentarnos a hablar con muchas mujeres y darnos cuenta de que casi todas habíamos escuchado y repetido estas frases.

De preguntarnos por qué aprendimos a restarle importancia a lo que sentimos, y de pensar cómo sería una marca que hiciera exactamente lo contrario.

Así queremos ser. Una marca que te escucha antes de hablar, que nunca te dice “no es para tanto” y que entiende que lo que sientes importa, aunque no se vea desde afuera. Una amiga que no juzga, que no exagera y que tampoco minimiza. Que simplemente te acompaña.

Todo lo que hacemos parte de esa misma convicción. Ninguna mujer debería tener que escoger entre cuidarse y seguir con su vida. Las dos cosas caben al mismo tiempo, y queremos recordártelo cada vez que haga falta.

Cuéntanos en nuestras redes. ¿Qué frase te gustaría no volver a escuchar nunca? ¿Y cuál te gustaría que te dijeran más seguido? Vamos a leerlas todas, porque esta conversación también es tuya, y entre todas podemos empezar a cambiar la forma en que nos hablamos.

Porque lo que sientes sí es algo. Para que tu vida no se detenga.